Que son, sino flores,
aquellas que lucen en tu cabeza.
Aquellas que te descubren el rubor,
las que te esconden de la prensa.
Flores, digo, sí, ¡ENORMES!
que ocultan tu pelo de mi vista
(y su olor de mi desconsuelo)
Almenas de la muralla del luto,
barrotes de jaula dorada.
Te escondes toda tú detrás de tí.
Y cuando no tienes flores
me gustas, ¿sabes?
Porque amaneces sin engaños
ni mentiras de terciopelo rojo,
porque despiertas sin memoria.
¿Sabes?
Porque no te escondes.
viernes, 30 de octubre de 2009
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